Edgar Morín

Edgar Morín

Francia

 

Institución:

UNESCO Paris

Para ORSALC La enseñanza de la escuela a la Universidad

La enseñanza, de la escuela a la universidad, debe conciliar tres misiones fundamentales: antropológica, cívica, nacional. Antropológica, porque no solo la cultura debe culminar en la humanización del niño, sino que también debe ayudar a cada uno a desarrollar lo mejor de sí mismo, el ser humano en tanto capaz de lo mejor y peor, de descender y elevarse.  Cívica, porque se trata de formar ciudadanos capaces de contar con autonomía individual y a la vez de integrarse en su sociedad. Nacional, porque la escuela debe contribuir a mejorar la calidad de vida y pensamiento en la Nación. La enseñanza debe permitir que todos deseen alcanzar sus aspiraciones, y siempre dentro de una comunidad. Es por eso que diría que ésta cumple plenamente su función cuando logra enseñar conjuntamente la idea de la responsabilidad personal y la solidaridad con los demás

A partir de ahí, la expresión “enseñar a vivir”, que es Jean Jacques Rousseau, significa enseñar a enfrentar los problemas de la vida personal y cívica, ser consciente de los riesgos del error y la ilusión, lidiar con la incertidumbre, los peligros, lo inesperado, comprender a los demás, tomar conciencia de la complicidad humana que es trinitaria: individual / social / biológica.

No hay posibilidad alguna de elegir entre un conocimiento humanista y un saber-hacer utilitario, es necesario conciliar el uno con el otro. Agrego que la Universidad no solo debe adaptarse a las necesidades profesionales o técnicas de una sociedad en un tiempo; también debe adaptar las necesidades de una sociedad en un tiempo a las de la cultura. Inscribirse en su propia época es necesario (aun sea solo para desafiarla), pero ello siempre debe ser contrabalanceado por el acceso a una cultura multisecular y multi-milenial, que pasa a través de las humanidades, la literatura, la historia, idiomas y el conocimiento antiguo. De ahí la necesidad de introducir en los programas temas que ayuden al alumno a enfrentar los grandes problemas personales y cívicos de su vida.

Por lo tanto, es importante introducir en el programa universitario una enseñanza específica sobre los riesgos de error incluidos en cualquier proceso de conocimiento. El error y la ilusión se deben al hecho de que todo el conocimiento es una traducción y una reconstrucción cerebral / mental a partir de datos sensoriales, por tanto, existe un riesgo inherente de error asociado a los procesos de conocimiento.

Además, Shannon ha dejado en claro en su teoría de la comunicación que la transmisión de información de un emisor a un receptor siempre corre el riesgo de ser perturbada o desdibujada por el “ruido”.

Pero todo error y toda ilusión pueden tener consecuencias perjudiciales, incluso fatales, aunque a veces el error puede ser fructífero (como dice el poeta Voznessenski “buscas / India / Tú encuentras / América). Se trata igualmente de mostrar que el error proviene de la reducción de una realidad compleja a un elemento único o de un maniqueísmo que borra las complejidades.

Asimismo, propongo introducir en la enseñanza la comprensión de los demás (que a pesar de la multiplicación de las comunicaciones está en declive) en cuanto responde a una necesidad vital, no solo de cultura a cultura, de personas a personas, sino también dentro de cada familia, cada profesión, cada lugar de trabajo, saber que el otro es a la vez similar y diferente de uno mismo.

Propongo, además, incluir en los programas el aprender a enfrentar las incertidumbres. No es solo el problema de cada individuo, cuyo futuro es incierto en cada etapa de su vida, sino también el de la humanidad, arrastrada por los cursos impetuosos e inciertos de la globalización.

Una de las urgencias es redescubrir el significado de los grandes problemas. Sin embargo, todos los temas principales son polidisciplinarios, por lo que se eliminan de los programas. Tomemos, por ejemplo, la pregunta ¿Qué es humano? La respuesta no se enseña en ninguna parte, ya que toca las profundidades de nuestra identidad. Ella emerge en la biología, la psicología, la sociología, la literatura, la historia, etc. Al dividir el conocimiento en compartimientos en disciplinas, se forman habilidades especializadas, pero se atrofia la capacidad de vincular este conocimiento y, por lo tanto, de considerar los problemas en su integridad y amplitud. La interdisciplinariedad y la transdisciplinariedad presuponen la disciplina. Esto no es confusión sino confianza. Ser transdisciplinario no es ser antidisciplinario. Es hacer que las diferentes disciplinas se comuniquen, alimentar la mente y complicar el pensamiento. Las disciplinas son muy fértiles cuando se abren

Dicho esto, hay temas que son transdisciplinarios, otros que no, y repito que, en mi opinión, los grandes temas como “qué es el hombre en el mundo” requieren una nueva capacitación transdisciplinaria. Las ciencias como la ecología, las ciencias de la tierra, la astrofísica se convierten en cosmología, de hecho son transdiciplinarias.

Por último, propongo introducir las perspectivas futuras de la humanidad, cuyos procesos técnico-científicos ya han comenzado (prolongación de la vida, inteligencia artificial, algortificación de la sociedad) pero donde estos mismos procesos producen consecuencias catastróficas, especialmente a través de la degradación de la biosfera, por la agricultura industrializada que destruye el suelo y desnaturaliza los alimentos, los monocultivos destruyen la autonomía alimentaria de las naciones, especialmente la deforestación masiva de América Latina y África, todo lo cual necesariamente tiene consecuencias económicas y políticas.

Enseñar a vivir no es dar recetas. Las humanidades tienen un papel que jugar. La literatura es un acceso extremadamente concreto al conocimiento del ser humano. La filosofía es el aprendizaje de la reflexividad, es una herramienta para una reflexión de segundo grado sobre todo lo que se hace en la vida. El cine, el teatro, la poesía, el arte y la música son también pasión y emoción por los que pasa el conocimiento.

Pero sabemos que las ideas se transmiten solo con pasión. Si no hay pasión, el espíritu se deseca, estamos condenados a un conocimiento adusto. Uno de los grandes descubrimientos de las ciencias del cerebro, que se encuentra en Jean-Didier Vincent o Antonio Damasio, es que no hay asiento de la razón pura. Tan pronto como un centro racional se estimula, también lo hace un centro emocional. En otras palabras, constantemente necesitamos una dialéctica de la razón / pasión. Debe recordarse con fuerza, porque la enseñanza de las humanidades tiende a ser reprimida por una cultura científica y técnico-científica, cuando estas dos culturas deben comunicarse permanentemente. La gélida razón es espantosa; la pasión sin razón es el delirio. Pero, como dijo Platón, para enseñar se necesita el Eros. El amor al conocimiento y el amor de los estudiantes deben estar vinculados.

Las universidades latinoamericanas no pueden limitarse a imitar a la Universidad Occidental. No solo necesitan salvaguardar los conocimientos tradicionales fecundos y los usos comunitarios que tienden a marchitarse, sino también innovar creativamente desde una perspectiva transdisciplinar que, por sí sola, puede abordar cuestiones importantes como el desarrollo, la globalización y la simbiosis entre la contribución occidental y el aporte de las civilizaciones precolombinas y africanas esclavizadas -transmitidas por los antiguos esclavos-, sobre las relaciones con la naturaleza y el arte de vivir.